Según ERA Group, consultora especializada en optimización de costes y gestión de proveedores, las pymes deben prepararse para un escenario marcado por la subida de la energía, la presión logística y la incertidumbre geopolítica.
La compañía considera que este contexto no debe interpretarse como una situación puntual, sino como un cambio estructural que afectará especialmente a sectores intensivos en transporte, energía y materias primas. Entre los más expuestos se encuentran la industria, la alimentación, la logística o el retail, donde el incremento simultáneo de costes y la dificultad para trasladarlos al consumidor están reduciendo márgenes de rentabilidad.
Fernando Vázquez, socio consultor de ERA Group España, explica que “el encarecimiento del petróleo se traslada muy rápidamente al transporte, a los costes logísticos y a muchas materias primas”, lo que termina afectando de forma directa a las cuentas de resultados, especialmente en el caso de las pequeñas y medianas empresas.
Ante este escenario, la consultora identifica cuatro áreas prioritarias de actuación para minimizar riesgos y proteger la rentabilidad empresarial. La primera pasa por la revisión y optimización de costes externos, especialmente en contratos energéticos, transporte y servicios, donde muchas compañías mantienen tarifas desactualizadas respecto al mercado actual.
Otra de las claves está en mejorar la gestión de pagos y liquidez, revisando plazos, condiciones financieras y visibilidad sobre los flujos de caja para evitar tensiones en el capital circulante durante los próximos meses.
La firma también recomienda avanzar en la renegociación y diversificación de proveedores, con el objetivo de reducir la dependencia de determinadas rutas o mercados afectados por la inestabilidad internacional y garantizar así el suministro.
Por último, ERA Group insiste en la necesidad de detectar posibles fugas de margen derivadas de ineficiencias operativas, sobrecostes ocultos o desviaciones en categorías de gasto, ya que en un contexto inflacionario pequeñas pérdidas pueden tener un impacto significativo sobre la rentabilidad.
“La clave no es intentar anticipar hasta dónde llegará el precio del petróleo, sino reducir la exposición estructural a esa volatilidad. Las empresas que actúen ahora estarán mucho mejor preparadas para un entorno que seguirá siendo incierto”, concluye Vázquez.




